Editorial: El San Rafael del no me importa

taxista no al tarifazo

Icaño, es un pequeño pueblito ubicado en el centro geográfico del departamento de Avellaneda, en la provincia de Santiago del Estero, con apenas 1.978 habitantes, la mayoría de profesión hacheros, complementados con muy pocos crianceros de caprinos y ovinos. Como todas las comunidades de ese tipo del interior del país, los pobladores de Icaño han sufrido los temibles tarifazos de luz y agua potable (a gran parte de estos pueblos aun no llega el gas domiciliario), de modo tal que al 65 por ciento de los usuarios les han cortado la luz por no poder pagar los servicios. Ante esta gran injusticia social, los vecinos se autoconvocaron el viernes pasado para protestar sin violencia contra este ataque del gobierno nacional aplicando aumentos propios de una dictadura atada a la democracia. Asistieron al acto llevado a cabo en la plaza central del distrito de Icaño mas de mil trescientas personas, es decir casi el 65 por ciento de la población. Un numero altísimo que cumplió con la responsabilidad de unirse para luchar juntos contra este sistema perverso de la oligarquía en el poder.

San Rafael, es una ciudad mendocina de casi 200 mil habitantes, a quienes por igual los han castigado los tarifazos, crece el desempleo, cierran comercios, cierran Apymes, avanza la desnutrición infantil, hay muchos más pobres en los últimos tres años, hay mas indigentes. Por todas estas razones distintas organizaciones social llamaron a un evento en el kilómetro cero de la ciudad para protestar pacíficamente. Asistieron solo 50 personas de los 200 mil habitantes. Es decir solo un 0,0002 por ciento de la población total. En Icaño, el pueblito de Santiago del Estero de solo 1.978 habitantes asistió más del 65 por ciento de sus habitantes.

¿Qué quiere decir todo esto? Que en San Rafael a sus pobladores no les importa nada lo que pasa con los tarifazos y da lo mismo ser cura, guardaparque, bolichero o pescador. Como la versión de Cambalache del genial Discepolin. Es el pueblo del no me importa, del no me meto y que hagan lo que quieran.

A los sanrafaelinos no les interesa el hambre de los niños que revuelven los tachos de basura para comer, soportan que les mienta el gobernador Cornejo o el Ministro de Economía, sobre que Mendoza va por muy buen camino y que en esta provincia todo esta encarrilado. Es un departamento atrofiado en todo y sin embargo sus habitantes agachan su cabeza y ni siquiera se preparan para que el tren no les pase por arriba. Es un pueblo entregado de pies y manos a lo que le dicen los gobiernos de la Nación, por un lado, y de la provincia por el otro.

Por eso hay que envidiar a los pobladores de Icaño en la provincia de Santiago del Estero, que salieron a la calle a protestar. Son apenas dos mil habitantes, pero 1.500 se sumaron, se animaron a decir que a ellos no lo van a vencer con tanta facilidad. Mientras 50 personas en San Rafael levantaban unas pocas banderas y entonaban frases contrarias al gobierno, en los cafés céntricos  los sanrafaelinos miraban con una sonrisita cínica e hipócrita  a quienes se animaron a decirle basta a las medidas adoptadas por el gobierno de Macri con la complicidad de Cornejo en Mendoza.

Un pueblo como el sanrafaelino que jamás le importo nada, hoy se vuelve más entendible: que durante 15 años la mama de Poli Toledo asesinada por cinco degenerados, era ella solita y cinco o seis amiguitas de la chica del barrio El Sosneado. El resto de los 199.995 habitantes ni siquiera se paraban a averiguar qué pasaba en el kilómetro cero. Un pueblo sin conciencia ética siempre será un pueblo sin destino. Guste o no, ese es el rotulo que merece esta sociedad conservadora y miedosa de sanrafaelinos..

Por Osvaldo Barroso.

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